Si tú estás en esta etapa de cambios hormonales y sientes que últimamente te cuesta más sentirte ligera, sentirte fit, sentirte a gusto en tu cuerpo…
Si no estás necesariamente obsesionada con llegar a cierto número en la báscula, pero sí dices:
“Quiero sentirme mejor.”
“Quiero sentirme más ligera.”
“Quiero sentirme más fuerte.”
“Quiero sentirme más fit.”
…y además estás bastante convencida de que tus cambios hormonales tienen mucho que ver con que hoy te sientas estancada, quédate conmigo.
Porque hoy quiero compartirte cuatro errores que creo que podemos cometer en esta etapa.
Y especialmente quiero compartirte qué puedes empezar a hacer diferente.
Porque sí, nuestros cuerpos cambian.
Sí, nuestras hormonas cambian.
Pero creo que hay una gran diferencia entre vivir una etapa de cambios hormonales y convertir nuestros cambios hormonales en la explicación de absolutamente todo lo que nos pasa.
Así que vamos con el primero.
Quiero que pienses algo.
¿Cuánto tiempo llevas escuchando cosas negativas acerca de la menopausia incluso desde antes de acercarte a ella?
Porque durante años hemos escuchado hablar de esta etapa casi como si fuera una tragedia.
“Ya está menopáusica.”
“Espérate a que te llegue la menopausia.”
“Después de cierta edad todo cambia.”
“Después de los 40 ya no bajas igual.”
“Te va a cambiar el cuerpo.”
“Vas a engordar.”
“Se te va a hacer mucho más difícil.”
Y sin darnos cuenta, podemos llegar a esta etapa con una historia completamente escrita acerca de lo que nos va a pasar.
Y después aparece un síntoma, cambia nuestro cuerpo o vemos un número diferente en la báscula y pensamos:
“Ya empezó.”
“Ya sabía.”
“Son mis hormonas.”
Y ojo: no estoy diciendo que no existan cambios hormonales ni síntomas reales.
Por supuesto que existen.
Lo que estoy diciendo es que además de lo que está sucediendo físicamente, existe la historia con la que estamos interpretando lo que está sucediendo.
Y esa historia sí importa.
Porque si tú entras pensando que esta etapa es tu enemiga, probablemente vas a empezar a pelear con tu cuerpo.
A desconfiar de él.
A exigirle.
A tratar desesperadamente de controlar lo que está pasando.
Y entonces quiero dejarte una pregunta:
¿Esta etapa realmente es tu peor pesadilla… o puede estar convirtiéndose en tu peor pesadilla porque desde antes estabas convencida de que lo iba a ser?
No tienes que pasar de “odio la menopausia” a “qué maravilla, amo cada síntoma que tengo”.
No.
Simplemente empieza cuestionando la historia.
Tal vez esto no tiene que ser una guerra.
Tal vez simplemente estás entrando en una nueva etapa de tu vida y puedes aprender a conocer a tu cuerpo aquí también.
Y aquí veo dos extremos.
Por un lado está:
“Ahora sí tengo que comer perfecto.”
“Cero azúcar.”
“Cero carbohidratos.”
“Todo clean.”
“Todo medido.”
“Todo controlado.”
“Necesito encontrar exactamente qué debo comer para la menopausia.”
Y entonces la comida empieza a ocupar una cantidad enorme de espacio mental.
Pero también está el extremo contrario:
“Da igual lo que coma porque son mis hormonas.”
Y tampoco.
La comida importa.
Claro que importa.
Lo que comemos afecta cómo nos sentimos.
Pero tampoco es todo.
Nos alimentamos de comida, sí.
Pero también nos alimenta nuestro descanso.
Nos alimenta el movimiento.
Nos alimentan nuestras relaciones.
Nos alimenta nuestra vida espiritual.
Nos alimenta tener algo que nos ilusiona.
Nuestro propósito.
Nuestros pensamientos.
La forma en la que estamos viviendo.
Entonces para mí la invitación en esta etapa no es que te obsesiones todavía más con la comida.
Es que le des su justo valor.
Aprende qué alimentos te sirven.
Qué alimentos no te sirven tanto.
Qué te hace sentir satisfecha.
Qué te da energía.
Qué te inflama.
Qué pasa con tu hambre.
Cómo estás durmiendo.
Cómo responde tu cuerpo.
Tenemos hoy muchísima información disponible. Y qué maravilla que exista.
Pero a veces también podemos complicarnos muchísimo buscando estudios, mediciones, reglas y respuestas externas para absolutamente todo.
Y también podemos volver a algo muy poderoso:
observarnos.
Probar.
Escucharnos.
Aprender.
Usar nuestro sentido común.
Y poco a poco convertirnos en expertas en nosotras mismas.
No necesitas encontrar “la dieta perfecta para la menopausia”.
Necesitas aprender a nutrir al cuerpo que tienes hoy.
Este me parece importantísimo.
Porque casualmente esta etapa hormonal coincide también con una etapa de vida llena de cambios.
Nuestros hijos crecen.
Tal vez algunos empiezan a irse de casa.
Las relaciones cambian.
La pareja cambia.
Nuestro trabajo puede cambiar.
Nuestros padres empiezan a necesitar más de nosotras.
A veces empezamos a cuestionarnos nuestro propósito.
Nuestras prioridades cambian.
Nuestra rutina cambia.
Tenemos preocupaciones diferentes a las que teníamos a los 25.
Y todo eso también nos afecta.
Pero si estamos convencidas de que todo es hormonal, puede empezar a suceder algo muy curioso.
“Estoy agotada: son mis hormonas.”
“Estoy ansiosa: son mis hormonas.”
“Estoy comiendo de más: son mis hormonas.”
“No tengo ganas de hacer ejercicio: son mis hormonas.”
“No estoy durmiendo: son mis hormonas.”
Y tal vez sí hay un componente hormonal.
Pero ¿y si además estás estresadísima?
¿Y si tu vida cambió?
¿Y si estás atravesando una situación familiar importante?
¿Y si llevas meses durmiendo tarde?
¿Y si estás tomando más alcohol de lo que normalmente tomabas?
¿Y si hay una conversación que necesitas tener?
¿Y si necesitas pedir ayuda?
¿Y si simplemente estás agotada porque tienes demasiadas cosas pasando al mismo tiempo?
Aquí la herramienta es muy sencilla:
separa.
En lugar de meter absolutamente todo dentro de la gran bolsa que dice “menopausia”, empieza a mirar cada cosa por separado.
¿Qué está pasando realmente?
¿Qué parte puede ser física?
¿Qué parte tiene que ver con mi estilo de vida?
¿Qué circunstancia está ocurriendo?
¿Qué estoy pensando?
¿Qué puedo atender?
Porque cuando todo es “la menopausia”, parece un problema gigantesco que no puedes controlar.
Pero cuando separas…
empiezan a aparecer cosas que sí puedes atender.
Este para mí es probablemente uno de los más importantes.
Porque existe una diferencia enorme entre aceptar que tu cuerpo está cambiando y resignarte a sentirte mal.
No tenemos por qué normalizar:
“Pues así es.”
“Pues ya estoy en esta edad.”
“Pues a todas les pasa.”
“Ni modo.”
Pero tampoco sirve necesariamente pasar horas consumiendo información.
Guardar posts.
Escuchar a veinte especialistas.
Ver videos.
Comprar cosas.
Hacer una cita y cancelarla.
Cambiar constantemente de solución.
Y seguir sintiéndote igual.
Para mí la propuesta es mucho más sencilla:
atiende síntoma por síntoma.
¿Qué es específicamente lo que hoy está afectando tu calidad de vida?
¿Son bochornos?
Atiéndelos.
¿Es el sueño?
Atiéndelo.
¿Es cansancio?
Obsérvalo y atiéndelo.
¿Hay un síntoma que necesita evaluación médica?
Haz tu cita.
Ve.
Pregunta.
Da seguimiento.
Prueba lo que tú y tus profesionales consideren adecuado para ti.
Observa.
Ajusta.
Pero no conviertas todo el proceso hormonal en un solo problema gigante.
Tu cuerpo te está dando información.
Escúchala.
Y aquí quiero compartirte algo muy personal.
Desde hace aproximadamente ocho meses he empezado a observar algunas cosas en mí.
Y gracias precisamente a las herramientas que practicamos, me he dado cuenta de ciertos patrones.
He observado, por ejemplo, que cuando estoy especialmente estresada, cuando consumo más alcohol de lo habitual para mí o cuando empiezo a dormir tarde, noto diferencias en cómo me siento.
Entonces, ¿qué hago?
Empiezo a cuidar esas áreas.
No desde el miedo.
No desde “ya no puedo hacer esto nunca”.
No desde la obsesión.
Desde la observación.
Ah, mira. Cuando hago esto, mi cuerpo responde de esta manera.
Perfecto.
Ahora tengo información.
Y puedo decidir qué quiero hacer con ella.
Y aquí quiero ser clarísima.
Con absolutamente nada de lo que te estoy compartiendo hoy te estoy diciendo que dejes de ir al médico, que ignores una indicación médica o que sustituyas el acompañamiento de profesionales de la salud por observar tus pensamientos o cambiar hábitos.
Por supuesto que no.
Benditos médicos.
Busca profesionales en quienes confíes, haz tus revisiones periódicas, pregunta, infórmate y sigue el tratamiento que junto con ellos consideres adecuado para tus circunstancias particulares.
Yo no voy a hablarte aquí de tratamientos médicos ni de terapia hormonal porque no es el propósito de este episodio y no es el lugar desde el que yo trabajo.
Pero precisamente por eso quiero cerrar con algo que para mí es muy importante:
Hay una parte que le corresponde a tus médicos.
Y hay otra parte que no puede hacer ningún médico por ti.
No pueden observar qué te estás diciendo acerca de tu edad.
No pueden decidir por ti cómo quieres relacionarte con tu cuerpo.
No pueden escuchar tu hambre por ti.
No pueden dormir por ti.
No pueden poner límites por ti.
No pueden trabajar tus pensamientos por ti.
No pueden revisar qué está pasando con tus relaciones, tu estrés, tu propósito, tu movimiento, tu alimentación y la forma en la que estás viviendo esta etapa.
Esa parte te toca a ti.
Y no te digo esto como una carga.
Al contrario.
Te lo digo porque significa que hay muchísimo que sí está en tus manos.
No necesitas pelear contra tus hormonas.
Necesitas aprender a acompañar al cuerpo que tienes hoy.
Conocerlo.
Escucharlo.
Atenderlo.
Pedir ayuda cuando la necesitas.
Y seguir creando tu mejor versión desde aquí.
No desde el cuerpo que tenías a los 25.
No desde la vida que tenías hace diez años.
Desde la mujer que eres hoy.
Y precisamente esto es lo que vamos a trabajar durante septiembre dentro de Mi Mejor Versión.
Vamos a tener un recorrido especial enfocado en sentirnos FIT en esta época de cambios hormonales.
Vamos a trabajar nuestra mentalidad alrededor de esta etapa.
Vamos a darle a la alimentación el lugar que le corresponde, sin obsesión y sin ignorarla.
Vamos a aprender a separar lo hormonal de todas esas otras circunstancias que también están sucediendo en nuestra vida.
Y vamos a practicar esta forma mucho más concreta de escucharnos, observarnos y hacernos cargo de aquello que hoy necesita nuestra atención.
Así que si escuchabas este episodio pensando:
“Sí. Esto es exactamente lo que necesito trabajar”, quiero invitarte a que lo hagas acompañada.
Únete a Mi Mejor Versión.
En este enlace: www.monicasosa.com/mimejorversion
Comprobemos juntas que esa mejor versión de ti que te sientes llamada a crear…es totalmente posible para ti.
Vive Espectacular,
Con mi cariño,
Tu coach Mónica🧡
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